Un poco alejados de los lugares más tradicionales se venden terrenos de buenas dimensiones y a precios competitivos.

Para llegar hay que montar una 4×4, abrir la tranquera que se encuentra en el kilómetro 384 de la ruta 11 y recorrer el camino que ahí aparece hasta tocar el pie del médano. Entonces, todavía habrá que atravesar 100 metros más de arenas vivas, pero la experiencia vale la pena. La Deriva es la última playa al norte de Pinamar y ahí se encuentra el que dicen es el primer parador ciento por ciento ecológico.

Semejando la proa de un barco se lo orientó cortando el efecto sudestada que predomina durante la temporada, es alimentado por energía eólica sumada a paneles solares y durante la noche, las arañas iluminan con velas. Sin embargo ofrece similares servicios a los de cualquier otro glamoroso parador de la costa atlántica. Ahí están Charlie y Pato, que nos cuentan que suelen elegir La Deriva a la hora de disfrutar el tiempo libre que les deja su trabajo de verano: “Vivimos la mitad del año en Capital, donde tenemos una empresa de fotografía. La otra mitad la pasamos en Valeria del Mar. Ahí, hace 14 años, tras unos días de descanso en familia decidimos comprar un terreno y ver si con el tiempo construíamos algo. Hoy tenemos un complejo con 10 cabañas. Por eso suelo afirmar que la ciudad es mi lugar de trabajo en invierno y la playa, el de verano”, se ríe Patricia.

Charlie festeja, pero aclara: “Si cuando compramos aquel primer terreno en 19.000 dólares me hubiesen dicho que hoy valdría 300.000, no lo hubiese creído. Pero es así. Cuando a eso le sumo que el dinero demandado por la construcción también dio y sigue dando renta -en verano alquilo en 5000 pesos por semana cada cabaña-, no puedo dejar de reconocer que la inversión fue un éxito”.

Más allá de los números, ¿quién no volvió alguna vez de sus vacaciones con el propósito de invertir en un desarrollo a orillas del mar? “Para algunos eso no pasa de la fantasía, otros concretan y, entre estos últimos, hay quienes obtienen un buen resultado y otros no tan bueno. La experiencia me dice que cuando se trata de invertir en zonas turísticas, la clave es no dejarse tentar por los destinos tradicionales. Hay que arriesgar a balnearios relativamente nuevos, en crecimiento. Valeria todavía no se ha saturado, pero hace 15 años ahí estaba casi todo por hacerse. Siguiendo el recorrido turístico de la ruta 11 pueden encontrarse inmuebles que permiten asociar inversión y renta; barrios cerrados completísimos, urbanizaciones exclusivas donde aún se consiguen terrenos a bajo precio, y propiedades con buena demanda para alquileres temporarios. Hoy apostaría a un emprendimiento de ese estilo”, confiesa Charlie.

Aunque el centro de este tipo de ofertas se concentra en Pinamar, pueden encontrarse también en localidades más accesibles en cuestión de valores, en la misma Valeria, en Mar de las Pampas y también en ciertos sectores del Partido de la Costa y es precisamente hasta un par de ellos que nos conducirá Charlie.

Privacidad y movimiento

Unos metros más allá de La Deriva, un alambrado marca el fin del partido de Pinamar y el inicio del Partido de la Costa. Apenas a unos kilómetros por la playa aparece otro parador, el de un desarrollo de excelencia: Costa Esmeralda.

Este barrio privado, a la altura del kilómetro 380 de la ruta 11, ocupa 1000 hectáreas, ofrece tierras forestadas con pinos de distintas edades y regala 3200 metros de costa. Es un proyecto de Eidico más J. P. Urruti & Asociados.

Ignacio Agüero, uno de los responsables, cuenta: “Se lanzó en 2005, sobre un máster plan elaborado por el estudio Robirosa, Beccar Varela y Pasinato, pero se levanta en etapas. El primer sector se entregó en 2008 y en la actualidad hay en manos de sus propietarios 2500 lotes correspondientes a las tres primeras etapas, con alrededor de 200 casas construidas. Restan entregarse las parcelas correspondientes a las etapas 4, 5 y 6, que ya están vendidas. Nos manejamos con un sistema de preventa y una vez que el sector lanzado para la misma está totalmente comercializado, antes de que los propietarios reciban sus lotes nos ocupamos de dar los servicios”.

En definitiva, todo lo correspondiente a sectores unifamiliares ha sido vendido y, entregado o no, se encuentra en período de reventa. Los espacios destinados a multifamilias, los departamentos y la zona hotelera todavía no han sido lanzados ni vendidos.

“Golf es el sector más amplio y uno de los más buscados de Costa Esmeralda. Contará con 27 hoyos finales, de los cuales 18 están terminados, igual que el clubhouse. Está además el sector Deportivo, con ocho canchas de tenis, cuatro de polvo de ladrillo y cuatro de superficie rápida. Y el Ecuestre, con dos canchas de polo en construcción, palenques, picadero, corrales y pista de vareo”, describe Agüero.

En cuanto a los precios de los terrenos de alrededor de 1000 m2, el mismo entrevistado comenta: “Tienen un valor promedio de 25.000 dólares, pero los hay de 15.000 y, en primera fila frente al mar, 250.000. Los entregados, con construcción o sin ella, pagan expensas; el estilo de las casas es libre, pero se aplican estrictamente reglamentaciones muy estudiadas que apuntan a mantener la integridad del ambiente”, concluye Aguero.

Descanso

En menor escala, pero también con una propuesta exclusiva, Linda Bay Beach Resort es otro emprendimiento cerrado que se encuentra fuera del foco de concentración pinamarense. Más precisamente en el extremo sur de Mar de las Pampas, en tierras gesellinas. Se desarrolla sobre un predio de cinco hectáreas con 200 metros de playa. Propone unidades en planta baja y dúplex de uno o dos dormitorios con un tercero opcional. Todos cuentan con amplios balcones terraza y “las mejores vistas a perpetuidad”, asegura Marcela Urfeig, sales manager de Inmobiliaria Bullrich, empresa comercializadora.

Paula Gómez, 18 de febrero de 2012.
Publicado por La Nación.

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