Después de 68 días y a casi 700 metros de profundidad, los mineros chilenos fueron rescatados de esa tremenda pesadilla y volvieron a la luz. La odisea se convirtió en escenario internacional y millones de personas en el mundo siguieron paso a paso ese instante que los devolvió a la vida junto a sus seres queridos.

Siempre hay un detrás de la escena íntimo y confidencial que no dejará trascender los desencuentros previos al histórico rescate, pero seguramente lo que primó tanto en las profundidades como bajo el sol de Copiapó fue el espíritu de cuerpo detrás de un objetivo claro: el rescate de 33 vidas humanas.

Tan loables acciones que conmovieron al mundo se advierten con mayor claridad frente a situaciones límite, pero es obvio que todos los que han participado de este megaoperativo tenían como meta el bien común.

En esta asociación de ideas sobre lo que es bueno para el otro se puede plantear la búsqueda de la mejor calidad de vida de una sociedad. Y esto se puede sintetizar, por ejemplo, en la posibilidad de contar con una vivienda social para miles de familias. ¿Será una utopía? De esto no se habla.

Sin embargo, podría suponerse que el proyecto de un gobierno debería ser priorizar la verdadera ayuda, como es la construcción de viviendas dignas.

Nada parece indicar que esto sea posible, al menos en el corto o mediano plazo. Mucho menos se puede ilusionar la clase media con que se puedan implementar sistemas de financiación, con proyectos accesibles para alcanzar al techo propio. ¿De qué se trata entonces? De decisiones políticas que no llegan.

Y por esa razón, hoy sólo pocos jóvenes y no tanto, con suerte, gran esfuerzo personal y la ayuda de ahorros de amigos o familiares muy cercanos, logran convertirse en propietarios.

Lo ocurrido esta semana en Chile es un ejemplo en muchos aspectos. Uno puede ser el punto de partida para plantear analogías y tomar como modelo lo sucedido.

Palabras más, palabras menos, está claro que cuando hay decisión de parte de los que tienen en sus manos el poder para superar la adversidad o encontrar soluciones a cualquier tema que le interesa a una sociedad se logra.

Sólo hay que tener la decisión política y la voluntad de encarar acciones para mejorar la vida de la gente comenzando por lo esencial: la casa propia.

Adriana B.Anzilloti, 16 de octubre de 2010.
Publicado por La Nación.

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