La elección de un inmueble y su ubicación no es un acto completamente racional; los factores emocionales son decisivos; tips para descubrir el perfil del potencial cliente.

Los compradores simbologistas busca status en la elección del inmueble

En todo procedimiento de compra o alquiler participan una multiplicidad de factores que dan cuenta de la complejidad de la operatoria, entre ellos se destacan variables psicológicas, personales, sociales y culturales, sin importar cuál sea el tipo de bien que la persona va a adquirir o alquilar.

No podemos evitar mencionar primero los elementos condicionantes del entorno. El mercado inmobiliario en la Argentina no vive ajeno a la realidad actual: inflación, baja en el consumo, demora de la reactivación en distintos sectores y postergación de deseos, o necesidades de los usuarios que no pueden o no están seguros de concretar algunas expectativas. Ahora bien, la decisión de compra de una casa o departamento no es tema sencillo para su análisis dado que no se trata de una conducta impulsiva, por el contrario, está influenciada por un conjunto eslabonado de variables, algunas visiblemente racionales como el precio del inmueble, localización segura, accesibilidad a medios de transporte público, cercanía a lugares de interés, calidad de materiales y de construcción. Sin embargo, la evaluación no concluye allí. Muchas decisiones están impregnadas de elementos intangibles como elección de un barrio de moda, ostentosidad, apariencia, prestigio, supuesta notoriedad o bien detalles del propio inmueble que escapan a valoraciones tradicionales como por ejemplo los amenities. Estos últimos, a los que podemos llamar “factores emocionales”, en algunas situaciones cobran un rango importante y hasta decisivo en muchas oportunidades. Además esas variables no suelen aparecer en las encuestas por lo que su estudio es más complejo pero no menos rico.

El argentino presenta conductas que pueden generalizarse, en muchos casos, en función de la segmentación geográfica. Es bastante usual que en los barrios del Gran Buenos Aires o en el interior del país los aspectos sociales como la familia de origen y el lugar nacimiento resulten ser los más fuertes a la hora de elegir la zona donde se va a habitar, aún cuando hayan migrado desde el interior para la formación universitaria. Por otro lado, los jóvenes a la hora de independizarse en la ciudad de Buenos Aires, se rigen más por factores sociales como el grupo de pertenencia o de referencia, con menos arraigo al lugar donde crecieron.

Entonces, la elección de un inmueble y su ubicación no es un acto completamente racional; confluyen aspectos aspiracionales. Sin embargo hay muchos ejemplos a lo largo de la historia donde lugares poco habitados o con una mirada negativa fueron transformándose en sitios glamorosos y el precio del metro cuadrado ha crecido en forma desmedida. En estas situaciones han salido beneficiadas aquellas personas dispuestas a arriesgar; inversores audaces que muchas veces solo contaron con olfato de sabueso, lo que les ha permitido sacar rédito de cada peso invertido. Mientras que quienes no vieron la oportunidad a tiempo deberán pagar con creces el alquiler o la compra del inmueble solo por la ubicación. Claros ejemplos de esto en Capital lo representa la zona de Palermo, que ha comenzado a extender su denominación de sub-zonas como Soho y Hollywood . También Villa Crespo, Chacharita, uno de los barrios más elegidos por los extranjeros que realizan alquileres a través del sitio air bnb, Puerto Madero o San Telmo.

De este modo, la balanza de la oferta y la demanda demuestra claramente que el mercado inmobiliario no escapa a las reglas tradicionales del marketing donde al incrementarse el requerimiento por parte del público, la oferta se ve afectada. Alguien podría decir que esto es producto de una avivada típica de la idiosincrasia argentina pero hay ejemplos que dejan en evidencia que no se ha inventado nada, solo se realizó un buen benchmarking.

A mediados de 1800 en los Estados Unidos. había un barrio bajo conocido como Hell’s Hundred Acres -’Los cien acres del infierno’- del Cast-Iron District -’Distrito del hierro fundido-. Quienes hayan podido caminar la gran manzana al sur del río Hudson se asombrarían si supieran que esas grandes construcciones son de hierro, aun cuando parecen de concreto. El barrio durante las décadas de 1960 y 1970 fue el paraíso de los artistas de la ciudad que buscaban lugares espaciosos y por sobre todo baratos para pintar o esculpir. Esta era la zona perfecta para ellos, allí las viejas y abandonadas fábricas le fueron dando paso a los cómodos lofts y ateliers para artistas.

Esta situación dio origen a un concepto que se conoció como gentrificación -del inglés, gentrification-; el cambio en las condiciones y equipamiento le trajo al barrio inversiones adicionales y un mejoramiento en la calidad de vida integral.

Gracias a los cambios, ese sector de la ciudad subió en la escala socioeconómica, lo que llevó finalmente a un éxodo de la mayoría de artistas, dejando únicamente las galerías, las boutiques y los restaurantes exclusivos. La mutación del lugar dio forma a un nuevo tipo de vecino que adquirió la denominación de yuppies. Fue así como Hell’s Hundred Acres se convirtió poco a poco en el hoy ya tradicional Soho.

Los roles a la hora de comprar

Para profundizar, en toda decisión de compra quien adquiere el bien asume distintos roles durante todo el proceso. Uno de ellos puede ser el iniciador, es decir aquel que detecta la necesidad o deseo de comprar. Aquí juega un rol principal la capacidad económica del interesado. “Llego o no llego”. Otro rol es el de influenciador. En este caso intervienen personas, datos, publicaciones, y búsquedas web y es cuando el individuo se ve afectado por el conjunto de información que posee y se convierte en aquel que busca cómo resolver su necesidad. Luego están los roles de decisor -: toma por sí o por no la decisión de adquirir un bien-, el comprador -ejecuta la operación- y el usuario – disfruta del inmueble-.

Esos cinco roles pueden ser asumidos por una sola persona como el caso de los hogares monoparentales que en la Capital representan a más del 50 por ciento de las viviendas. Pero en la mayoría de los casos pueden ser varios los actores que inciden en el proceso. Un padre de familia consultará a su esposa y también a sus hijos -que obrarán como influenciadores-. También el empleo de distintas fuentes -inmobiliarias, web, amigos, entendidos- operan en mayor o menor medida en la decisión. Sin embargo, a la hora de hablar de las motivaciones podríamos encuadrar a los compradores en tres categorías. Los racionales que son quienes buscan inmuebles con características concretas y perfectamente evaluables: calidad de construcción, estado del inmueble, comodidades, superficie mínima o máxima, ubicación estratégica, cercanía con medios de transporte o de colegios, apariencia de seguridad.

Los emocionales cuya compra se ve afectada por factores adicionales como sentimientos -comprar para un hijo-, vistosidad -el inmueble destella por su impresión estética-, amor -el primer inmueble de una pareja-. Los simbologistas en los que la determinación está altamente influenciada por factores intangibles como apariencia social, símbolo de status, reconocimiento de familiares y/o conocidos, señal de poder u opulencia, denotación de prestigio.

El secreto para lograr el cometido está en captar en forma rápida frente a qué tipo de consumidor nos se encuentra para adecuar mejor la oferta a sus necesidades.

Por Grau Laura Ivaldi (profesora de la licenciatura en comercialización de la Fundación UADE), Sábado 8 de abril de 2017
Publicado en el suplemento Propiedades & Countries del diario LA NACION

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El 30 por ciento de los departamentos de la Capital son para gente que vive sola; los desafíos que plantean los espacios chicos para la arquitectura.

Un espacio puede ser un lugar para dormir y para socializar

Pasados los 20, muchos jóvenes quieren “volar del nido” y comienzan a materializar el sueño de la casa propia a partir de los créditos hipotecarios que ofrecen algunos bancos o incluso el Gobierno, con el plan Procrear. Los departamentos son la opción elegida por sobre las casas y la prioridad no es su tamaño, sino su ubicación: si queda cerca del trabajo o en una de las zonas tendencia de Buenos Aires, mucho mejor.

La tendencia al diseño de viviendas mínimas crece en el mundo y plantea desafíos a la arquitectura. Desde Japón, Nueva York o Bombay, y con diferentes motivaciones que en algunos casos tienen que ver con la escasez de suelo y de espacio, en otros -como en la Argentina- de recursos, o con una combinación de ambos, surgen alternativas de minidepartamentos. En el país, comienzan a aparecer propuestas que apuntan a quienes desean acceder a su primer departamento o inversión.

El tema excede las formalidades de diseño y encuentra una raigambre socio-cultural que abarca nuevos hábitos y necesidades. El arquitecto Augusto Penedo, presidente del Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo (CPAU), analiza el contexto y toma datos del último censo porteño, que afirma que en la actualidad el 30 por ciento de las viviendas en la ciudad de Buenos Aires son para gente que vive sola, mientras que hace veinte años este porcentaje era sólo del 22,4 por ciento. Las estructuras familiares también van cambiando, y cada vez son más las familias monoparentales, lo que también modifica el tipo de vivienda y los modos de habitarla. Además, las condiciones de vida en las grandes ciudades y su cercanía a los servicios, por ejemplo, marcan un crecimiento en estas, y llevan a que cada vez más gente desee vivir allí. En un mundo en el que todo cambia en forma permanente, las unidades residenciales también se amoldan a las necesidades sociales.

“Si lo que tengo es escasez de recursos para comprar una unidad de vivienda en la ciudad, hay que encontrar la manera de resolver el problema y encarar una solución: ¿Cómo puedo hacer proyectos interesantes con superficies mínimas y accesibles económicamente a una franja importante de la población que quiere ser urbana? Hoy en el Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo estamos trabajando y debatiendo sobre estos temas”, afirma Penedo.

Al hablar de diseño, el presidente del CPAU señala que algunas de las claves para hacer más eficientes los metros están en el diseño de la planta y en la apuesta a la flexibilidad a través de un mobiliario rebatible y transformable. Destaca que ya desde los años cuarenta existen algunos ejemplos de viviendas mínimas en Buenos Aires, en los que adquieren importancia los espacios comunes de uso colectivo: salones de uso múltiple, a veces con parrilla y lavadero común, terrazas para expansión común y hasta piscinas.

En búsqueda del equilibrio

Para el arquitecto español Francesc Penades -titular del Estudio BaBO junto con arquitecto argentino Francisco Kocourek y la arquitecta noruega Marit Haugen Stabell- a la hora de hablar de vivienda mínima es necesario un análisis profundo que tenga en cuenta las diferentes aristas de la cuestión. Propone pensar en términos de volumen y no sólo de superficie para definir este tipo de viviendas y destaca la importancia de precisar bien para quién se piensa y por cuánto tiempo, además de cómo se implementa y gestiona: “Es obvio que resulta difícil pensar en una vivienda de calidad de 30 metros cuadrados para una familia compuesta por pareja, hijos, suegros y perro. También resulta extraño pensar en un departamento de 550 metros cuadrados para una sola persona. Treinta metros cúbicos bien proyectados pueden resultar una vivienda temporal dignísima y accesible para un estudiante joven, en régimen de alquiler y gestionado por una entidad pública, pero es una pésima idea permitir que los desarrolladores privados llenen la ciudad con un mismo tipo anodino de departamento de pocos metros cuadrados”, afirma, y hace hincapié en la importancia del Estado para incentivar políticas innovadoras de vivienda.

Penades también plantea la necesidad de reelaborar reflexiones sobre los modos de habitar actuales, ya que han sufrido modificaciones a lo largo de los años. Los cambios llevan a pensar en términos de temporalidad, adaptación, flexibilización e indefinición: un espacio puede ser un lugar para dormir, pero también un lugar dónde comer, hablar, estar o estudiar, por lo que para este arquitecto es necesario huir de las estructuras jerarquizadas.

“Desde lo constructivo es necesario pensar sistemas que permitan y enriquezcan la flexibilidad, que sean perfectibles, esto es, mejorables con el tiempo. Obviamente si hablamos de metrajes pequeños hay que pensar también en la centralización de servicios y en la optimización de recursos. Y en su posible crecimiento a medida que aumenten las necesidades de espacio de los habitantes. Considerar también los espacios intermedios como balcones, galerías o patios que garantizan iluminación y ventilación, y los espacios comunes, susceptibles de ser compartidos -el especialista no se refiere específicamente al típico salón de usos múltiples-y que permiten cierta interacción social entre vecinos”, analiza el arquitecto.

Esta tendencia está en línea con un concepto que avanza: el coliving. Un concepto que plantea la necesidad de la gente a encontrarse, superar el aislamiento que genera la tecnología. Son espacios que favorecen la interacción, la formación de grupos no sólo para trabajar sino también para compartir experiencias sociales de todo tipo. Son emprendimientos pensados para propiciar la formación de verdaderas “comunidades” de residentes que interactúan en diversos ámbitos.

Por Gabriela Koolen, Sábado 1 de abril de 2017
Publicado en el suplemento Propiedades & Countries del diario LA NACION

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La ley regula los acuerdos entre el sector público y el privado, plantea proyectos de largo plazo que favorezcan el desarrollo económico, cultural y social de la Argentina; los desafíos.

El tratamiento fiscal definirá el éxito de la iniciativa.

Un instituto de reciente génesis podría dar un impulso importante a la canalización de inversiones en el sector inmobiliario. Se trata de las herramientas previstas en el marco legal de la participación público-privada, instituida por la ley número 27.238 en noviembre del año pasado y su interrelación con los proyectos inmobiliarios, especialmente los de grandes superficies y con variados destinos. Es decir; vivienda, depósitos o industrias, entre otras opciones.

La ley regula los acuerdos entre el sector público y el sector privado, en donde en una relación de largo plazo, ambos se comprometen a obtener los resultados convenidos sobre un proyecto en particular. El objeto del contrato comprende el diseño, la construcción, el mantenimiento y la financiación del activo de infraestructura que se determine.

No es una panacea todo lo diseñado por el Congreso y el Poder Ejecutivo Nacional en el régimen comentado porque al menos desde lo cuantitativo se ha puesto un límite del 7 por ciento del PBI interno -a precios corrientes del año presupuestario anterior- a la erogación del Estado, es decir, un techo conforme realidad económica de cada ejecución del presupuesto nacional.

De todas maneras, no es una cifra menor y con una inteligente combinación de los aportes del Estado -efectivo, crédito público, titularidad o uso de bienes públicos, otorgamiento de avales, beneficios tributarios, subsidios, franquicias, etc.- y de los particulares que promuevan esta modalidad operativa creemos que bien pueden lograrse los fines y objetivos consagrados en la normativa, entre los que se plantea: promover el crecimiento, optimizar el uso de los recursos públicos, la utilidad general para toda la comunidad, la solidaridad intergeneracional, la participación de Pymes, el desarrollo del mercado de capitales, entre otros objetivos.

La normativa prevé recurrir al régimen de oferta pública o bien a la figura del fideicomiso.

El legislador no dejó de contemplar la titularización de los flujos de fondos ni la posibilidad de cesión de la posición contractual para el caso de imposibilidad del contratista original de continuar el proyecto. Esto demuestra que la concreción de éste es el norte, el objetivo al que apunta todo el andamiaje jurídico del instituto, que tiene la ventaja de combinar lo mejor del derecho público administrativo y del derecho privado de la empresa.

Dado que un aspecto no menor para los posibles inversores es el del tratamiento fiscal, sería importante saber si el anunciado proyecto gubernamental de reforma integral del régimen impositivo va a alterar o no el sustento de este tipo de emprendimientos -PPP + real estate- porque de la respuesta que se brinde dependerá el éxito o el fracaso de la herramienta.

Finalmente recordemos que si bien la regla en este tipo de proyectos es el de licitación pública o por concurso público para la selección del contratista, el sistema prevé también la posibilidad de apostar por vía de las iniciativas privadas.

En conclusión: esperamos que el sabio ojo inversor y el espíritu de cambio que postulan los nuevos vientos que corren en nuestro país utilicen esta interesante combinación de estructuras.

Por Mario Biscardi (socio del estudio Biscardi & Asociados), Lunes 27 de marzo de 2017
Publicado en el suplemento Inmuebles comerciales e industriales del diario LA NACION

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En el primer bimestre del año se reactivaron las escrituras y hubo 6500 operaciones; también incidió la disponibilidad de créditos hipotecarios.

El sector inmobiliario viene de uno de sus peores años. Foto: Archivo

El mercado inmobiliario está cosechando los primeros frutos del blanqueo de capitales. En el primer bimestre del año, las escrituras en la ciudad de Buenos Aires crecieron casi un 70% respecto del mismo período de 2016, según datos del sector que serán dados a conocer la semana próxima.

En las inmobiliarias estiman que el mes pasado se cerraron más de 3050 actos. Con esa cifra, el período enero/febrero alcanzó las 6500 operaciones de compra, una magnitud no tan lejana a las 9000 escrituras, el número que según los operadores se manejaba en la época de oro del sector, a principios de la década pasada. En el mismo período de 2016, por ejemplo, no se alcanzaron las 4000 escrituras.

El año pasado surgieron las primeras señales alentadoras: se firmó un 20% más de escrituras que en 2015.

En el mercado inmobiliario ya hablan de recuperación. Reconocen que, una vez que los inversores superaron la confusión que les generó el procedimiento del blanqueo, con el dinero en el banco empezaron a comprar propiedades.

“Antes invertían en negro en un bono que les daba 6% de rentabilidad y lo ganaban todo; hoy, con el blanqueo, esa ganancia tiene que pagar impuestos por 35%, entonces miran opciones que estén exentas”, explica Gonzalo Noguer, director de Nuevo Urbanismo, empresa que trabaja en la revitalización de tierra. Para quienes no vivan de comprar y venderlos, los inmuebles están exentos de ese 35 por ciento.

Los primeros en reaccionar fueron los que tenían dólares en el colchón. Ese grupo tenía la opción de adquirir un bien registrable si no quería dejar los dólares seis meses “pisados” en el banco. Una parte compró, otra prefirió esperar. “Se firmaron boletos de compra-venta que se cerrarán cuando retiren el dinero de los bancos”, explica Alejandro Schuff, director comercial de Soldati Propiedades. El dato anticipa una mayor actividad de escrituras en los próximos meses.

En enero y febrero fue el turno de las personas que sinceraron el dinero que tenían fuera del país y que, más ocupados por los procesos que por las ganancias, habían demorado las decisiones de inversión.

A pocos días del 31 de marzo, fecha en que cierra el blanqueo y en la que también vence el plazo para declarar una propiedad con una multa del 5% de su valor, se espera una mayor cantidad de inmuebles blanqueados que de cash. “El 90% del monto que supere los US$ 100.000 millones blanqueados hasta diciembre serán propiedades”, anticipa Noguer, Se refiere a las unidades que los argentinos tenían sin declarar en Miami o Punta del Este, y que también tendrán un impacto en el mercado inmobiliario local. En el sector están convencidos de que muchos de esos propietarios venderán sus inmuebles para comprar en la Argentina.

Respecto de qué tipo de unidades fueron las más demandadas, los tickets promedio no superaron los US$ 180.000, aunque hay casos en los que aprovecharon el sinceramiento para “estirar” su capacidad de compra y poder mudarse a unidades más amplias.

Si bien los signos de reactivación alientan al mercado, los brokers coinciden en que la recuperación será lenta. “Venimos de niveles muy bajos de venta. El mercado está saliendo de los peores años de su historia”, afirma Germán Gómez Picasso, director de Reporte Inmobiliario.

Al efecto blanqueo se suma el de los créditos hipotecarios, sobre todo en el stock residual de las unidades nuevas y, principalmente, en las usadas, que son las que se pueden escriturar.

Los compradores están perdiendo el temor a sacar un crédito. El 22% de las escrituras que se firmaron en la Capital Federal entre enero y febrero fueron con hipoteca.

En 2016 se generaron alrededor de 6000 escrituras con hipotecas, un 47% más que en 2015, según datos del Colegio porteño de Escribanos. Si se toma sólo diciembre de 2016, la suba interanual fue de 150%, lo que prueba el cambio de expectativas. “Durante la administración Kirchner sólo 6% de las operaciones de la Ciudad fueron con crédito hipotecario, frente al 26% de la década de la convertibilidad”, compara Mario Gómez, secretario del Colegio Profesional Inmobiliario (CPI).

Desde hace unos meses, los bancos están bajando las tasas -en los créditos UVA oscilan entre 5% y 7% y los simuladores web están al rojo vivo. Hay casos en los que los departamentos de créditos de entidades trabajan los fines de semana para responder todas las solicitudes. Hasta ahora, por medio de los créditos atados a las UVAs, los bancos privados prestaron $ 4000 millones y hay $ 15.000 millones en camino de ser otorgado. El nuevo Procrear y los recientes anuncios de las líneas a 30 años de plazo que ofrecerán los bancos Nación, Ciudad y Provincia con cuotas de entre $ 4600 y $ 6000 aumentan el optimismo. “Las tasas del 3,5% más actualización por CER generarán cuotas por debajo de las de un alquiler”, dice Gómez Picasso.

La disponibilidad que generará el blanqueo y el financiamiento producirá un “efecto dominó″ en la venta, motorizado también por un cambio en la demanda . “Las líneas de crédito que se lanzaron son para quienes necesitan una vivienda. Está muy bien que no alcancen para comprar una propiedad en Recoleta”, analiza Gustavo Llambías, de la Asociación de Empresarios de la Vivienda y Desarrollos Inmobiliarios.

Durante años, en una industria sin crédito, sólo se construyó para inversores que financiaban a los desarrolladores. Hoy entra en escena la persona que compra un departamento para vivir y que exige unidades más accesibles.

La expectativa de un aumento en el precio de los inmuebles es otro factor que impulsa a la compra. El escenario de mayor demanda, crédito, disponibilidad por parte de los inversores y un costo de construcción en su máximo histórico -entre US$ 1200 y US$ 1500/m²-hace impensada una baja. “Además, un tipo de cambio atrasado y la inflación en pesos genera que los desarrolladores tengan márgenes muy justos”, agrega Gómez Picasso.

Hoy incluso se da el fenómeno de que quien construye un proyecto y lo vende no tiene la certeza de poder generar otro emprendimiento. Muchos ofrecen departamentos por debajo del valor de reposición para ganar liquidez. Esos costos generan una brecha del 33% entre los precios de los departamentos nuevos y los usados, cuando el promedio histórico era 22 por ciento.


Hipotecas

Es el porcentaje de escrituras que se hicieron en los dos primeros meses del año con crédito hipotecario. Durante el kirchnerismo, esa cifra en promedio no superó el 6 por ciento.

Por Carla Quiroga, Sábado 25 de marzo de 2017
Publicado en la sección Economía del diario LA NACION

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Los millennials no sólo cambiaron los códigos del mundo del trabajo, eligen vivir en emprendimientos distintos con áreas comunes para socializar.

Los jóvenes cambian el mercado.

Los millennials no sólo cambiaron los códigos de los ambientes laborales, su forma de vida también cambia el perfil de los desarrollos en los que sueñan vivir. Quieren emprendimientos diferentes. Así surge la cultura del coliving. Un concepto simple pero que apunta a revolucionar el mercado de los ladrillos.

En el tercer milenio, la gente busca encontrarse, superar el aislamiento que genera la tecnología, especialmente en los segmentos de jóvenes y profesionales. Así, surgen nuevos espacios que favorecen la interacción, la formación de grupos no solo para trabajar sino también para compartir experiencias sociales de todo tipo. Son emprendimientos pensados para propiciar la formación de verdaderas “comunidades” de residentes que interactúan en diversos ámbitos: combinan la intimidad de la vida privada y las áreas comunes en las que se puede interactuar con otros.

El coliving ofrece una experiencia de vida sin complicaciones. Desarrollos que cuentan con una administración central, una conserjería, encargada las 24 horas de que todo funcione y esté bien mantenido, así como del pago de las cuentas de los diferentes servicios. Quien vive en un edificio de este tipo abona cierta suma mensual fija que incluye todos los servicios y gastos, inclusive la limpieza de su casa, no se preocupa por pagos extra y tiene previsión sobre su presupuesto.

Es paradójico que en tiempos en los que se habla de que la hiperconectividad tecnológica genera desconexión, los nativos digitales busquen otra forma de vivir. “Se da especial importancia al diseño, a contar con tecnología de última generación, a convivir armoniosamente con el medio ambiente, ahorrar energía y promover la sustentabilidad en diferentes aspectos”, relata Juan Mora, socio fundador y CEO de Casa Campus, la desarrolladora con inversiones por US$ 20 millones emprendimientos con este foco. “Tenemos 2000 miembros entre residentes y huéspedes, además de 350 socios inversores”, detalla el ejecutivo con un proyecto inaugurado y tres en construcción, todos en ubicaciones como Congreso, San Telmo y Pilar, desde las que se puede ir caminando a las universidades .

En los emprendimientos planteados para este segmento, los espacios comunes no contemplan solo el microcine, la piscina o el gimnasio. La clave pasa por crear otros ámbitos de encuentro valorados como por ejemplo una gran cocina súper equipada y comedores cool que invitan también a encontrarse para compartir alguna comida. “También se generan salas de lavandería, bibliotecas, cavas y terrazas al aire libre. El atractivo de los espacios comunes es que propician una interrelación significativa que trasciende el mero saludo al vecino al cruzarlo, que invita a compartir la vida con el otro”, define Mora .

Las investigaciones sustentan por qué los millennials son un “blanco” clave para los desarrolladores. Según datos de Gallup, el 64 por ciento de los jóvenes no se encuentra en relación de pareja. Las tasas de matrimonio disminuyeron hasta un 10 por ciento en la década pasada -mientras estas disminuyen, las parejas sin formalizar aumentaron del 7 por ciento al 13 por ciento-. En línea con esa tendencia, los jóvenes solteros han crecido drásticamente el nivel de convivencia con “compañeros de cuarto”. Un fenómeno que da la pauta del avance de un estilo de vida diferente : colaborativo y comunitario. “La forma de estudiar, trabajar, viajar y vivir está cambiando drásticamente. Para el 2020 se espera que el 40 por ciento del trabajo sea freelance y remoto. La revolución tecnológica y el social networks está cambiando el mundo en forma exponencial”, relata Mora quien en 2017 planea la inauguración de las tres obras que construye, Además asegura que este año se lanzarán dos más. Mira barrios como Palermo, Recoleta y Núñez.

En cuanto al modelo de negocio, la apuesta para adquirir una unidad promedia los US$ 90.000 incluyendo mobiliario y equipamiento. Un negocio que, según Casa Campus deja una renta de 8 por ciento anual como target, porcentaje al que hay que sumarle la apreciación de la inversión. “Cada uno es dueño de su departamento y nosotros las administramos en conjunto, el inversor no se ocupa de nada”, detalla Mora y aclara que una habitación completamente equipada cuesta en promedio US$ 800 mensuales e incluye, además del acceso a todos los servicios del coliving, las expensas, servicios públicos, cochera, tv por cable y wifi de banda ancha.

A las nuevas formas de vida se suma el efecto que genera el incremento de precios en las propiedades y los costos de vida que impactan en los principales centros urbanos. Una realidad que dificulta la posibilidad que tienen los jóvenes de acceder a una vivienda propia. De hecho Pieter Levels, el fundador de la web Nomad List, estima en su análisis sobre el futuro del nomadismo digital que en el 2035, el mundo contará con más de 1000 millones de nómadas. En definitiva, ninguna industria está librada al azar y en la era de la disrupción, los ladrillos también se enfrentan al desafío de adaptarse a nuevas formas de vida. Desde autos compartidos, hasta llenar el espacio extra en su valija transportando artículos para otros; el mundo ha comenzado a aprovechar el espacio excedente a través del aumento de la economía compartida. La industria de la vivienda no es una excepción. A crear, entonces.

Por Carla Quiroga, Sábado 25 de marzo de 2017
Publicado en el suplemento Propiedades & Countries del diario LA NACION

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