No estoy dispuesto a que mi casa, que siempre fue un lugar alegre, cómodo, a donde uno quiere llegar, se convierta en una suerte de camarote de los hermanos Marx”, dice Lisandro Moret. Se refiere a una de las más famosas escenas del trío, la de la película Una noche en la ópera. Groucho acaba de abordar con su compañía teatral un gran barco. El maletero arrastra su baúl y lo conduce al camarote. Cuando llegan se escucha el siguiente diálogo:

Groucho: -Este no puede ser mi camarote.

Maletero: -Sí, es su camarote, el número 58.

Groucho: -Es un número muy grande para un camarote tan pequeño.

Entonces el maletero intenta meter el baúl en el camarote, pero le cuesta.

Groucho: -¿No le sería más fácil meter el camarote dentro del baúl?

Algo parecido les sucede a Lisandro Moret y Azul Solano. Les resulta difícil acomodarse en su tres ambientes de 55 metros cuadrados y los números que necesitan para sumar unos pocos metros a la vivienda familiar son demasiado grandes.

“Cuando compramos el departamento donde vivimos, con algo que habíamos ahorrado y la ayuda familiar, éramos una pareja y ahora somos una familia. Como diseñadora gráfica, trabajo bastante desde casa y, al mudarnos, en el dormitorio libre armé mi estudio. Hace tres años llegó Lucio, nuestro primer hijo, y mi trabajo se mudó al living. En diciembre nacerá la segunda, Milena, y se impone al menos un cuarto ambiente; si fuera posible incluso dependencia de servicio. Pero es difícil dar el salto”, cuenta Azul.

El arquitecto Daniel Obetko, director comercial de Soldati Propiedades, reconoce que el tema no es privativo de Lisandro y Azul. “La casi ausencia de créditos hipotecarios accesibles es una gran dificultad para que la clase media pueda resolver las necesidades de una familia en crecimiento. Incluso para quienes tienen una buena capacidad de ahorro les resulta difícil esperar hasta juntar el dinero necesario, eso puede llevar varios años, tiempos que no suelen adecuarse a las necesidades espaciales de una familia en desarrollo”, dice.

Y lo confirma el arquitecto Darío López, director de Arquitectónika, responsable de una marca líder en Palermo Viejo, PH Urbano: “Para dar el salto es importante antes de buscar tener claro qué es lo que se necesita y cuánto dinero se dispone, y de acuerdo a eso analizar qué se está dispuesto a resignar y qué no. Además, hay que pensar que ésa no será tampoco la propiedad definitiva, que habrá posibilidad de ir mejorando escalonadamente. Claro que una mudanza, como señala Lisandro, no es cosa fácil. No será quizá la última propiedad que compre, pero tampoco la familia puede estar trasladándose a cada rato. Entre otras cosas, porque con cada compraventa se paga un montón de dinero de escrituras, impuestos y afines”.

Para Obetko, ante la falta de crédito, hay varios recursos inmobiliarios posibles. “Una alternativa interesante para acceder a un aumento de superficie es comprar en obra, en el pozo, los valores de preventa están alrededor de un 20% por debajo de los departamentos terminados. Esta variante permite, además, el pago en cuotas durante la construcción, lo que opera como una financiación de corto plazo. Otra posibilidad es comprar un departamento para refaccionar, que se consiguen un 30% más baratos. Para las familias numerosas, con tres hijos o más, otra probabilidad para considerar es la de ir hacia los suburbios. En diversos barrios cerrados de Pilar hay casas de alrededor de 200 m2, con jardín, quincho y piscina en el rango de los 250.000 dólares”, concluye Obetko.

Y está por supuesto la alternativa de resignar la zona. “Una delas opciones para crecer en metros y no devengar grandes inversiones es cambiar de barrio -asegura Diego Migliorisi, socio gerente de Migliorisi Propiedades-. Seguramente, con la venta de un ambiente en Palermo podrán comprarse dos en Villa Crespo sin pagar una gran diferencia.”

Darío López agrega: “En Palermo, para cambiar de propiedad y sumar un ambiente, se debe contar, en promedio, con unos 20.000 dólares”. Y Migliorisi dice: “Los mayores inconvenientes los tienen quienes pasan de un departamento de uno o dos ambientes a uno de tres. Las unidades pequeñas, como las mencionadas, las habitan por lo general personas jóvenes solteras o parejas sin hijos, que no requieren demasiado confort. Cuando se tiene que llegar a uno de tres ambientes se suele buscar algo más que espacio, se pretende que los chicos tengan luz, que en los alrededores haya buenos colegios, una serie de cuestiones que elevan el valor de cualquier propiedad. Dentro de un mismo barrio y categoría de edificio, las diferencias entre uno y dos ambientes oscilan entre un 20% y un 25%; entre un dos y un tres ambientes, de 25% a 30%, y lo mismo se da para el paso de tres a cuatro ambientes”.

Todo parece indicar que a la hora de buscar mayor comodidad para la familia, la única opción no es el baúl de Groucho ni un Tupper. Lisandro comentó que entre las posibilidades que manejó para resolver su problema estuvo la de exprimir al máximo los 55 m2 de su tres ambientes actual.

“Llegaron a proponerme un sistema español, con divisiones plásticas de los espacios; la casa Tupper , le llaman.” Puede parecer una ocurrencia de Groucho, pero no. Son los disparates a los que puede llevar la falta de crédito.

Paula Gómez,16 de octubre de 2010.
Publicado por La Nación.

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