La cortada San Ignacio es histórica en Boedo, donde la propiedad
alcanza buenas cotizaciones
Barrio del tango más puro, del arte más genuino, del fútbol
de Los Gauchos de Boedo y de Los Frozosos de Almagro. Boedo, el único
caso en el que un barrio de la Ciudad toma el nombre de la calle que lo
caracteriza. El lugar de las esquinas más famosas como San Juan
y Boedo, y como San Ignacio y la mencionada avenida.
Precisamente, el pasaje San Ignacio, inmortalizado en la milonga "Cortada
de San Ignacio", nace en Boedo y tiene un recorrido de apenas cien
metros para desembocar en Colombres.
Es muy atractivo y pintoresco, y si no que lo diga el cartel del café
Margot: Boedo y San Ignacio, en esta tradicional esquina en la década
del 40 se inventó el sándwich de pavita. También
dicha esquina fue bautizada como "Esquina Escultor Francisco Reyes
(1915-1988)", en homenaje al laureado plástico, que fue un
distinguido vecino de Boedo.
La arteria es típicamente barrial con casas de dos plantas, transitada
pero a su vez muy tranquila, y es, según las inmobiliarias, la
más residencial de la zona, en San Ignacio los valores aumentan
de 10 a 20 por ciento.
Buscado por la demanda
Para Jorge Gailus, titular de Gailus Propiedades "el pasaje es uno
de los más buscados por la proximidad con el centro de Boedo. Es
traquilo, pero hay pocas casas en venta. En la cortada valdría
entre un 15 y un 20 por ciento más que en otra calle, y lo que
hay en oferta se vende enseguida. Hoy, un departamento en San Ignacio
está entre 50 y 55 mil pesos. Este es un lugar histórico,
en los bares de la avenida se reunían escritores y poetas".
Esta inmobiliaria ofrece a espaldas de San Ignacio, en Carlos Calvo entre
Boedo y Colombres, semipisos de tres ambientes con dos baños, cochera,
de 77 metros, a un valor entre 140 y 150 mil pesos a estrenar.
En los años más recientes, el pasaje fue escenario de las
primeras exposiciones de escultura "a cielo abierto" que se
realizaron en Buenos Aires.
Sin duda, este lugar que ya tiene 98 años es parte de la cuna cultural
de Boedo. Cuenta la historia que la calle se llamó antaño
Camio, que era un vecino que tenía fábreica de ladrillos,
luego llegando a la década del 20 tomó el nombre de San
Ignacio.
"Acá está la cultura de Boedo. En la esquina del pasaje
se dirimían las peleas de los viejos cuchilleros, este lugar es
histórico, allí habló por primera vez al público
Alfredo Palacios. Todos los partidos cerraban su campaña en San
Ignacio y Boedo.
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Es la calle más codiciada del barrio, por su historia y porque
es un pasaje en pleno centro. El metro cuadrado puede costar 1500 pesos,
como simbolismo tenemos a San Juan y Boedo con Homero Manzi, pero como
residencial está la cortada de San Ignacio", explicó
Héctor González, que además de ser titular de González
Propiedades es el presidente de la Asociación Amigos del Barrio
de Boedo.
González, que nació en la cortada y habla con conocimiento
de causa, tiene a la venta una casa de 5 dormitorios con cochera con 300
metros en desnivel y pileta a 150 mil dólares. También ofrece
otra a 120 mil dólares a reciclar, antigua, de 230 metros.
Llegando a la esquina del pasaje sobre la calle Colombres se encuentra
La Casa Balear, que ya lleva 100 años de vida y es el club de los
mallorquines.
Pero San Ignacio fue también tribuna oficial de los corsos de Boedo,
las comparsas hacían su entrada por Colombres, y muchos afirman
que eran en su momento los mejores corsos de la ciudad de Buenos Aires.
El territorio que hoy corresponde a Boedo fue en su origen ocupado por
hornos de ladrillo, tambos, molinos panaderos, algunas pulperías
y almacenes, y a inicios de siglo cafetines con tango y la presencia de
malevos y también poetas.
Así es San Ignacio, esto es Boedo, el barrio que fue cuna de los
primeros teatros independientes, de origen proletario. El de las salas
cinematográficas, muchas dedicadas al teatro o a la música,
como Los Andes, Bristol, Moderno, Mitre y Cuyo, hoy ya desaparecidos.
San Ignacio, la cortada inmortalizada en la milonga que lleva su nombre,
con letra de Carmelo Volpe y la voz del maestro Horacio Salgán.
En fin, un lugar para vivir junto al tango, la poesía y la bohemia
del barrio de Boedo.
Juan Fernández Mugica, 16 de julio de 2002
Publicado en La Nación
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